VIVIENDO DE
Al cerrar las puertas del cementerio, da inicio una nueva jornada laboral para el señor Betancourt, uno de los tres celadores del Cementerio Central, ubicado en la ciudad de Bogotá, la oscuridad invade cada uno de los rincones de este lugar, la niebla no permite ver otra luz mas allá que las de la calle 26 en donde los carros transitan a gran velocidad y poco a poco los transeúntes van disminuyendo tornándose en el ambiente un silencio pesado.
El cementerio, un lugar que a pesar de ser uno solo, evidencia claramente la diferencia social, en el centro, los personajes reconocidos y a su alrededor las memorias que solo son recordadas por sus familiares, de igual manera tienen el mismo titulo “difuntos”.
Las lágrimas de los familiares entristecen aun mas este lugar pero estas dan para el arriendo y la alimentación de muchos de los empleados que laboran en torno a las memorias de vida, que se encuentran reflejadas por medio de los epitafios plasmados en las tumbas, expresados por sus familiares.
Betancourt de 35 años de edad, con mujer y dos hijos, labora en este lugar hace seis meses, las largas jornadas de trabajo empiezan a las seis de la tarde y terminan a las seis de la mañana cuando llega su relevo, claro esta, este es el horario de la noche, ya que los horarios de trabajo varían cada semana para los celadores.
Este realiza los recorridos nocturnos por los callejones llenos de tumbas solitarias acompañado únicamente por su linterna, un radio teléfono y su bicicleta todo terreno.
Los celadores no escogen el lugar de trabajo, los ubican donde la empresa quiera asignarlos, a Betancourt le toca, ya que él es el sustento de su familia, el fue trasladado y su misión es velar por el patrimonio histórico y la seguridad de este sitio, ya que el cementerio por encontrarse en un sector donde se presentan muchos casos de delincuencia, requiere de vigilancia permanente para evitar el saqueo de tumbas.
Este cementerio, a pesar de ser un lugar donde el silencio y la soledad son su única compañía, Betancourt lo considera como un sitio seguro, ya que como el mismo dice, “hay que tenerle mas miedo a los vivos que a los muertos”.
El acepta que cuando se es nuevo, los sentidos se agudizan un poco mas, poniéndolo alerta y atento a todo lo que sucede; la noche susurra en sus oídos, se escuchan los llantos de la soledad y siente una corriente que recorre su cuerpo trastornándolo y haciéndolo recordar a su familia.
Pero es la hora del recorrido, se coloca sus guantes de lana, su pasamontañas y se sube a su caballo de hierro, acepta que sintió un poco de temor en sus primeros recorridos, pues en ocasiones se sentía observado y creía ver algunas sombras que ayudaban a aumentar su ritmo cardiaco y alteraban sus nervios, invadiendo su mente y nublando sus pensamientos pero como todo en la vida se torna costumbre, se tuvo que acoplar a esta forma de trabajo.
Un martes como cualquier otro mas en su calendario laboral, recibió su turno de seis de la tarde, luego se tomarse un tinto, se dispuso a realizar su ronda habitual por el cementerio, durante esta, escucho el eco de un ruido que llamo su atención, era su deber ir allí, sumergido entre el miedo y los nervios, se acerca al origen del misterioso sonido, cuando de pronto sale de la oscuridad un hombre, quien al percibir su llegada sale huyendo, Betancourt, al acercarse a este lugar, observo dos floreros de bronce y una lapida de mármol que estaban en el suelo, comprendiendo así que los sonidos eran producidos por personas que pretendían robar los floreros de bronce y el mármol de las lapidas para revenderlos por unos cuantos pesos.
Al instante, Betancourt salió a la persecución de aquel bandido, perdiéndose este en los laberintos del cementerio, sin dejar rastro alguno. Inmediatamente, este empleado en cumplimiento de su deber, se dirige rápidamente donde sus compañeros a contarles lo sucedido, estos al verlos asustado y nervioso decidieron ir en la búsqueda de este sujeto, sin encontrarlo en ninguno de los rincones del cementerio.
Así Betancourt relata la experiencia a la que se tuvo que enfrentar y la que más lo ha marcado en su trabajo en el cementerio. A partir de ese momento el no siente tanto temor al realizar las rondas, pues cree que no es cuestión de tenerle miedo y zozobra a los “mitos” que se forman en torno a los muertos ya que no son mas que supersticiones de las personas que no ven la realidad que él a experimentado en este sitio.
Terminando de relatar esta experiencia comenta que “este es un oficio común y corriente, que no es nada del otro mundo, pero cada persona tiene un tabú o concepto diferente sobre este trabajo, cada uno tiene que mantenerse y encontrar la forma de sobrevivir, esta es mi manera, es mi deber para con los vivos, cuidar de sus muertos.”
PRESENTADO POR:
JUDITH BERNAL
KATHERIN CAMARGO
LUIS EDUARDO RESTREPO
YADY SABOGAL

2 comentarios:
muy bueno
ME PARECIO MUY BUANA LA CRÓNICA, EN VERDAD EL TEMA ES ALGO LLAMATIVO E INTERESANTE, ME PARECE QUE ES MEJOR QUE CAMBIES LA PALABRA "CELADOR" POR LA DE VIGILANTE, PARA MI PARECER ES MÁS APROPIADA PARA REFERIRNOS A ESTOS HOMBRES QUE RESGUARDAN Y CUIDAN COSAS, EN ESTE CASO EL CEMENTERIO QUE COMO TU LO DECIAS ES TAMBIÉN UN MONUMENTO HISTORICO.
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