lunes, 9 de junio de 2008

DESMOVILIZANDO EL ALMA

DESMOVILIZANDO EL ALMA

Por Nathaly Quevedo, Angélica Lozano, Sandra Jacanamijoy, Sandra Quintero
Judith Vélez

En un país como el nuestro donde estamos acostumbrados a rotular a las personas por su raza, color o condición social, las diferencias parecen ser el motivo de exclusión en nuestra cultura. Cada día aparecen nuevos grupos que son excluidos de la sociedad, entre ellos encontramos el grupo urbano de los desmovilizados, estos grupos abordan una problemática, la de no pertenecer a ningún grupo social aceptado por la sociedad, ¿pero nos hemos detenido a pensar que causas llevaron a estas personas a ser parte de estos grupos al margen de la ley?, ¿qué implica para ellos el desmovilizarse? ¿La sociedad si le ofrece las suficientes oportunidades al grupo de desmovilizados? Estas preguntas nos llevan a reflexionar y profundizar sobre el tema debemos conocer un poco de ellos.

Oscar es un muchacho de 21 años pero aparenta mas edad, como si hubiera padecido sufrimientos y vivido a un ritmo apresurado, Oscar se dedica a reparar bicicletas, y pasa desapercibido ante la mirada de sus vecinos, es una persona amable que entabla fácilmente conversaciones con los demás, sin embargo no todos actúan de igual manera con él, algunas personas lo rechazan, evitan tener contacto con él, lo miran como si fuera culpable del más atroz de los delitos; él sospecha que conocen su secreto, pero no los juzga porque estas personas no saben las razones que lo llevaron a pertenecer a este grupo que le ofreció oportunidades disfrazadas que le permitirían cumplir sus sueños con las armas y el poder.

Al hablar con él se tiene una conversación amena, es una persona sencilla a la que le gusta colaborar y ser tenida en cuenta, es muy alegre, pero al relatar los motivos que lo llevaron a las filas de las FARC esa alegría se convierte en una gran tristeza que se ve reflejada en su mirada y en sus gestos, sin embargo después de un interminable suspiro Oscar abre su alma para contar su historia

“la muerte de mis padres y el que mi única hermana se encontrara allá en Florencia tan lejos, me hizo sentir muy solo además era apenas un mocoso de 16 años y me toco seguir las filas, me parecía bueno, tenia poder, ingrese al frente 49 de las FARC, durante 6 meses estuve en las filas pero luego y de ahí me pasaron de financiero, mejor dicho cobrador de impuestos o vacunas que llaman, a mi me iba muy bien porque yo tenía mi plata y troquelaba la plata que le pertenecía a los jefes.”

Oscar saca un cigarrillo de su overol y lo enciende lentamente, en su rostro puedo ver la satisfacción de los buenos recuerdos y una sonrisa que sale tímidamente de su boca.

“pues a mí me toco muy duro porque uno como va a decir que le toca siempre despacio” sonríe picaramente y une sus manos para frotarlas “cuando yo ingrese no me querían las mujeres civiles, entonces como uno ya de financiero pues ya le sobran las mujeres civiles por aquello de la plata que uno maneja, pero a los jefes no les gusta eso y entonces me prohíben eso y me iban a fusilar por eso” mueve su cabeza confirmando esa cruel realidad, sus labios tiemblan tal vez por el frío o mejor aun por el miedo que le produce recordar este episodio de su pasado, Oscar nos muestra una mezcla de sentimientos, pasa de la alegría de los buenos momentos al miedo de perder su vida por no seguir las normas que imponen los jefes de la guerra, no todo fue alegría, tuvo que sufrir el martirio de largas caminatas bajo el sol y la lluvia en la selva, las heridas que iban dejando cicatrices en su cuerpo y en su alma, “Se puso pesada la situación por falta de alimentos, las amenazas de los jefes, los continuos ataques del ejercito que nos hacían sentir mas mamados dentro del que creíamos era nuestro propio territorio y como uno escuchaba por la emisora Putumayo Stereo que los desmovilizados tienen subsidios de casa, subsidio para los hijos, para la mujer pues a uno le gusta eso y con las amenazas del fusilamiento, lo vi. como una salida y yo decidí desertarme con la pelada que estaba”.

Termina el cigarrillo y enciende otro más rápidamente que el primero, se ve más tranquilo y con ganas de seguir contando lo que le sucedió, por mi cuerpo pasa un escalofrió y en mi mente queda la encrucijada de la decisión que toma Oscar, traicionar a su propia gente para poder salvar su propia vida. “me entregué en Mocoa Putumayo el gobierno y el ejercito me echaron en un avión el mismo día para Bogotá, entregue arto armamento: 1 k 47, 1 punto 30, 60 granadas de mano, 50 de balak 47, 160 municiones para la k 47 y 80 para la punto 30”

Habla con tanta naturalidad de las armas como si se hablara de la lista del mercado, además muestra con sus manos la gran cantidad de municiones y armamento que logro sacar de ese lugar Oscar cuenta estos detalles con sencillez y de una manera tranquila; de un momento a otro cambia de tema, queriendo hablar de su nueva vida. “cuando llegue aquí todo fue muy bueno me pagaban $1800.000 al mes y las garantías eran mejores, pero ahora el ministerio mama mucho gallo para la paga y uno tiene que estar pendiente porque toca estudiar y no lo dejan a uno trabajar, para nosotros es muy duro esto, el gobierno nos quiere quitar eso, no sé si será la mano de Uribe o el ministerio que ya no nos quiere dar eso, el subsidio de vivienda ya nos lo quitaron y lo de la rebaja en los pagos no se sabe si esa ley la puso Uribe o es el ministerio”.

Oscar se siente engañado, se repite la historia, sus sueños se ven nuevamente frustrados, pero la situación ahora es mas complicada, su desmovilización ha traído consecuencias que han cambiado el rumbo de su vida, él mueve su cabeza y hace un gesto de impotencia y rabia por las promesas no cumplidas.

ya paila volver a las filas porque si los paras o las FARC se dan cuenta que uno es desmovilizado lo van matando a uno por ser desmovilizado y por otro lado yo no puedo llegar donde mi hermana” suspira y se entristece. “hace dos meses estuve por allá pero no puedo volver a mi me buscan porque yo me vine de la guerrilla con mucho armamento y plata y me buscan como ojo de hormiga”.

Oscar siempre recuerda a sus compañeros y en cierta manera se siente culpable por haberlos “traicionado”,”Yo si le diría a mis ex compañeros pues yo no hecho a nadie a la candela y no saco nadie a la candela, pues ellos verán pues si se quieren venir pues que se vengan, ahora no es como primero ahora nos toca muy duro a los desmovilizados”

Se frota las manos y su mirada se ve como perdida en los recuerdos de lo que fue, lo que pudo ser y lo que será un futuro, un futuro mediado por la incomprensión de la sociedad y la tristeza de ser rechazado por los errores que cometió, errores que todos los seres humanos cometemos por una razón u otra.

“y teniendo en cuenta que la gente nos rechaza cuando sabe que venimos de la guerra por eso es mejor contar con su discreción y que no salga de nosotros lo que yo fui o lo que yo soy un desmovilizado, lo que toca es lucharla acá como Dios nos ayude bueno ya no tengo más que decirle, solo que si necesita algo me diga, nos vemos, adiós….”

Hombres y mujeres desmovilizados que llegan a la ciudad generan temor, tal ves por la información que recibimos de los medios de comunicación donde nos muestran las masacres, las torturas que han generado a sus victimas, las diferentes maneras que utilizaron para extorsionar las familias de secuestrados, estas parecen ser las únicas voces que se escuchan, las únicas razones que se logran comprender, pero la verdadera comprensión de los desmovilizados como seres humanos parece estar muy lejos, lejos de la comprensión de lo que es la diferencia de unos y otros, Oscar nos muestra da realidad de una vida.

1 comentario:

angela castro dijo...

Considero que la cronica nos muestra una de las tantas ciudades invisibles que se encuentran a nuestro alrededor y nos invita a reflexionar sobre la manera en que son tratadas las personas con condiciones de vida "diferentes" a las nuestras. Angela Castro.