FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
LICENCIATURA EN PEDAGOGIA INFANTIL
DIDÁCTICA DEL LENGUAJE
LA ESPERANZA DEL VENDEDOR AMBULANTE : UNA PUERTA ABIERTA
Por INGRID CALDERON y YAMILE SÁNCHEZ
Una tarde en la universidad decidimos estar en los zapatos de un vendedor ambulante por un día, ya que queríamos comprender ciertas actividades de estos personajes en una ciudad opulenta con mucho tráfico pudiendo así observar múltiples y variados productos, que en ellos se desenvuelven comerciantes, artesanos, ancianos pero sobre todo niños, peatones que vienen y van por sus calles aglomeradas de gente que acuden a este encuentro en lo cotidiano, estamos hablando de una Bogotá con una historia que expresa y se mueve a través de las calles.Para empezar nuestra labor debíamos pensar en un producto que fuera el agrado de los pasajeros, pues pensábamos vender dulces en el transporte urbano.
Así caminamos por la carrera Séptima, una de las vías mas transitadas en Bogotá, en los que se encuentra gran variedad para cualquier tipo de consumidor, como lo son ferias artesanales, películas XXX, el teatro Jorge Eliécer Gaitán entre otros esta avenida es camino para llegar a la plaza de Bolívar. En una de las desviaciones de esta carrera entramos en una dulcería que exhibía diferentes productos grandes, pequeños, de diferentes sabores y formas, al cotizar varios de estos decidimos comprar un paquetes de pirulitos de fresa que contenía 48 unidades por su módico valor de 1700 pesos. Al salir de allí, observamos que no se encontraban vendedores que trabajarán en los buses, por lo tanto creímos que los buses en la séptima no generaban competencia.
Tomamos la iniciativa de parar el primer bus mostrándole al conductor nuestro producto, este era gordo de bigote y cara de mal humor, el cual no nos dejó subir, paramos quince buses mas pero ninguno nos hizo caso, creando la hipótesis de que los conductores con bigote no dejaban subir vendedores, al ver que no habíamos logrado nuestra intención caminamos hacia la carrera décima una de las vías de mas movilidad respecto al transporte y a la gente, una carrera de doble sentido, es decir tiene transporte hacia el sur y hacia el norte de la ciudad, esta es una carrera donde se encuentra mayor cantidad de vendedores ambulantes; es necesario aclarar que no es relevante la cantidad ni tampoco la igualdad de grupo en relación a la edad, sexo y producto que ofrece, estos protagonistas se caracterizan por su persistencia y por llevar en una mano una bolsa o un maletín y en la otra el producto, cerca de nosotras visualizamos dos vendedores, el primero con un semblante cansado y de preocupación, observamos su trabajo por unos diez minutos, este al ver que los buses no le abrían ingresaba a estos a la fuerza, sin permiso del conductor aprovechando que una persona se subía o bajaba del bus para saltar la registradora, el segundo vendedor que observamos ofrecía unas colombinas, era joven y de tez blanca, se notaba su energía por trabajar, este tenía un semblante más tranquilo que el anterior suponiendo así que le va bien en su jornada de trabajo.
Tomando, como ejemplo, lo visto paramos nuestro primer bus en esta avenida, era de color rojo escarlata con tonos grisáceos debido al polvo que recogen en cada recorrido, le enseñamos nuestro producto y nos abrió la puerta de atrás, nuestro cuerpo empezó a temblar desde los pies a la cabeza pues no sabíamos que íbamos a decir. Para empezar obsequiamos un pirulito al conductor y luego, mientras una de nosotras hablaba, la otra repartía los pirulitos: “…buenas tardes, nosotras somos estudiantes de la Universidad Distrital de la licenciatura en pedagogía infantil, la razón por la cual hemos decidido subirnos al transporte urbano es la necesidad de recoger fondos para nuestra salida pedagógica que se realizara en Medellín, la universidad solo nos da un apoyo en el transporte; la estadía y la alimentación corre por cuenta de nosotras por eso hemos comprado estos pirulitos, a los cuales usted pone el precio, dependiendo de lo que nos quieran colaborar" mientras se decía esto, la otra recogía el dinero, terminando esta tarea dimos las gracias y salimos a buscar ese botón rojo que con un poco de nervios se nos había perdido, al encontrarlo timbramos, nos bajamos.
Al tener de nuevo nuestros pies en la tierra nos reíamos constantemente pues no creíamos lo que habíamos hecho, cuando respiramos de nuevo una de nosotras no sabía donde se encontraba ya que su visión de la calle había cambiado ahora estábamos en la intersección que une la carrera décima con la calle 19 un lugar donde muchos le temen, tal vez por su variedad de rostros desconocidos, o tal vez por algún relato desagradable contado por un amigo que le pasó a un amigo en este lugar.
Tomamos la iniciativa de parar el primer bus mostrándole al conductor nuestro producto, este era gordo de bigote y cara de mal humor, el cual no nos dejó subir, paramos quince buses mas pero ninguno nos hizo caso, creando la hipótesis de que los conductores con bigote no dejaban subir vendedores, al ver que no habíamos logrado nuestra intención caminamos hacia la carrera décima una de las vías de mas movilidad respecto al transporte y a la gente, una carrera de doble sentido, es decir tiene transporte hacia el sur y hacia el norte de la ciudad, esta es una carrera donde se encuentra mayor cantidad de vendedores ambulantes; es necesario aclarar que no es relevante la cantidad ni tampoco la igualdad de grupo en relación a la edad, sexo y producto que ofrece, estos protagonistas se caracterizan por su persistencia y por llevar en una mano una bolsa o un maletín y en la otra el producto, cerca de nosotras visualizamos dos vendedores, el primero con un semblante cansado y de preocupación, observamos su trabajo por unos diez minutos, este al ver que los buses no le abrían ingresaba a estos a la fuerza, sin permiso del conductor aprovechando que una persona se subía o bajaba del bus para saltar la registradora, el segundo vendedor que observamos ofrecía unas colombinas, era joven y de tez blanca, se notaba su energía por trabajar, este tenía un semblante más tranquilo que el anterior suponiendo así que le va bien en su jornada de trabajo.
Tomando, como ejemplo, lo visto paramos nuestro primer bus en esta avenida, era de color rojo escarlata con tonos grisáceos debido al polvo que recogen en cada recorrido, le enseñamos nuestro producto y nos abrió la puerta de atrás, nuestro cuerpo empezó a temblar desde los pies a la cabeza pues no sabíamos que íbamos a decir. Para empezar obsequiamos un pirulito al conductor y luego, mientras una de nosotras hablaba, la otra repartía los pirulitos: “…buenas tardes, nosotras somos estudiantes de la Universidad Distrital de la licenciatura en pedagogía infantil, la razón por la cual hemos decidido subirnos al transporte urbano es la necesidad de recoger fondos para nuestra salida pedagógica que se realizara en Medellín, la universidad solo nos da un apoyo en el transporte; la estadía y la alimentación corre por cuenta de nosotras por eso hemos comprado estos pirulitos, a los cuales usted pone el precio, dependiendo de lo que nos quieran colaborar" mientras se decía esto, la otra recogía el dinero, terminando esta tarea dimos las gracias y salimos a buscar ese botón rojo que con un poco de nervios se nos había perdido, al encontrarlo timbramos, nos bajamos.
Al tener de nuevo nuestros pies en la tierra nos reíamos constantemente pues no creíamos lo que habíamos hecho, cuando respiramos de nuevo una de nosotras no sabía donde se encontraba ya que su visión de la calle había cambiado ahora estábamos en la intersección que une la carrera décima con la calle 19 un lugar donde muchos le temen, tal vez por su variedad de rostros desconocidos, o tal vez por algún relato desagradable contado por un amigo que le pasó a un amigo en este lugar.
Al mirar las monedas y sumarlas habíamos recolectado 250 pesos. Vendiendo dos pirulitos, habíamos evidenciado toda la cultura que se crea en un bus, es un escenario de vivencias buenas y malas que recorre toda la ciudad de modo visible pero silencioso, también se observa aquel intercambio económico dónde es utilizada cualquier estrategia para conseguir la atención de los pasajeros, es decir un discurso que demuestra la oferta que se puede hacer de un producto; de ahí en adelante nuestro punto de interés eran las puertas, delanteras o traseras, grandes, pequeñas o sucias, con el anhelo de que se abrieran. Con un poco mas de confianza en nosotras decidimos recorrer la calle diecinueve, igualmente, mostrando nuestro producto, pero aun así duramos unos diez minutos para que algún bus nos diera la oportunidad trabajar, hasta que llegó uno, su ruta era por Bosa, Avenida Primero de Mayo. Éste no tenía puerta trasera, así que nos tocaba saltar la registradora, el conductor observó que éramos un poco inexpertas en el tema y nos dejó pasar marcando, sin pagar el pasaje obviamente, comenzamos con nuestra labor que ya se convertía en rutina, una de nosotras repartía mientras la otra hablaba, en este caso recogimos 1500 pesos , vendimos 10 pirulitos.
Paramos nuestro tercer bus que llevaba solo tres pasajeros de nuevo el relato y la repartición de pirulitos, al recoger el dinero, un muchacho de acento paisa preguntó qué valía respondiéndole que el aporte era voluntario tomó un solo pirulito y nos dio 500 pesos, otro pasajero no tenía monedas si no un billete de mil y nos dijo “ deme otra y me devuelve 500” , la última pasajera nos dió 200, le ofrecimos un pirulito al conductor y nos bajamos, pensamos en la actitud de los, pasajeros recordando un fragmento de una canción “ si quieres conocer al pueblo colombiano súbete en un bus del servicio urbano” ya en nuestro cuarto bus, el conductor nos respondió que se acababa de subir otro vendedor, seguimos caminando y un habitante de la Calle nos dijo que dejáramos trabajar al muchacho a lo cual respondimos que no nos habíamos fijado de su ingreso al bus.
Ya un poco cansadas pensamos en la ardua tarea de ser vendedor ambulante por la competencia y la disposición tanto de conductores como pasajeros. Al reflexionar sobre esta experiencia, concluimos que no siempre se abrirán las puertas. El rebusque en Bogotá es una tarea difícil, además la falta de empleo y el desplazamiento forzado son factores para encontrar tantos vendedores ambulantes en las ciudades, encontrando así personas de diferentes regiones la cual convierte a Bogotá en una ciudad intercultural.
Es necesario reconocer la labor de estos personajes. Sin ellos no degustaríamos un delicioso dulce o masmelo o no compraríamos el Kit escolar para los niños, no aromatizaríamos el cuarto con un incienso, en fin, son tantos productos, a tan módicos precios, que hacen de estos parte de nuestra cotidianidad.
Por más que nos encontremos cansados por el trabajo, el estudio… siempre habrá un minuto para estos personajes que se involucran en nuestra vida.
Por más que nos encontremos cansados por el trabajo, el estudio… siempre habrá un minuto para estos personajes que se involucran en nuestra vida.

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