LAS BARRAS BRAVAS: ¿MÁS QUE PASIÓN, GUERRA?
Realizada por: Catalina Hernández y Lorena Martínez
“La vida vale más que el fútbol” PERROTA
Todos los seres humanos hemos tenido un contacto directo o indirecto con el fútbol, ajeno a ser hombre, mujer, niño o adulto. El fútbol ciertamente nos ha tocado. Recuerdo en mi infancia y adolescencia este deporte desempeñaba un lugar importante en la familia llegando a ser un ídolo al que todos rendían homenaje. Cada vez que jugaba mi equipo del alma empezaba a latir el corazón de todos a mil, nos reuníamos en la sala de mi casa para ver el partido; la ansiedad no cesaba, gritaba, cuando pegaba el balón en el palo o entraba justo en la red.
Pero el fútbol es mucho más que correr tras un balón, es una deliciosa paleta compuesta por jugadores, cuerpo técnico y patrocinadores pero no podría ser tan deliciosa sino existieran los degustadores, “las barras”. ¿Qué sería de los equipos sin su barra, sin su canto, sin su color?
Esto me remonta años atrás cuando veía a mi primo cantar, gritar, saltar y más aún llegar al extremo de llorar al ver ganar o perder a su “Millonaritos del alma”. En una ocasión mi primo me invitó como de costumbre a su casa a ver películas junto con mis hermanos, al entrar a la habitación creí presenciar el mayor rito o culto ofrecido a Millonarios; hacia donde se dirigía mi mirada veía afiches, logos, estampas, entre otros con el escudo de Millonarios, por un momento llegué a pensar que mi primo era un vendedor en potencia de artículos alusivos a Millonarios, pero ¡Oh! sorpresa cuando entre palabra y palabra mi tía me contó que aquel primo tímido y conservador había ingresado en el mundo hostil y apasionado de las “barras bravas de Millonarios”.
Meses después veía como mi primo ya con un tatuaje del escudo de Millonarios en su pecho, defendía sus “ideales” a tal punto de irse a viajar a otras ciudades sin un peso en sus bolsillos y soportando las más crueles condiciones solo por ver a su equipo, además de pelearse con todo aquel que con una camisa diferente a la de Millonarios pasara frente a él.
Así pude ver con ojos de extraña como esta situación roza la vida de los jóvenes, así como traspasó y le dio un vuelco total a la vida de mi primo.
Un día en el que me encontraba desconcertada por todo lo sucedido con mi primo me encontré con Óscar un joven de 26 años procedente de familia cristiana, el me contó algunas de sus experiencias, cuando por pura casualidad mencionó que ingresó a las barras bravas por pura curiosidad viéndose inmerso en diversas situaciones que pusieron a prueba su vida; me pareció muy interesante su caso y decidí indagar acerca del ritmo de vida que llevaba en este grupo urbano rotulado por la sociedad como “las barras bravas”.
Oscar me contó que desde que tenía uso de razón había sido hincha de millonarios, y que sus tíos eran los que lo llevaban desde muy pequeño al estadio el Campín.A la edad de catorce años fue por primera vez sin un adulto al estadio.En ese entonces se estaban formando los “comandos azules numero 13”, cuando cumplió 16 años tuvo la curiosidad de ingresar a esa tribuna del estadio por la manera en que saltaban y cantaban al equipo durante todo el partido, y la forma tan extraña de celebrar un gol. Cada vez que el equipo marcaba un gol esa tribuna celebraba de una forma particular llamada 'avalancha'; la cual consistía en irse todo el mundo bajando los escalones llegando a los tubos de seguridad. En alguna ocasión estos tubos no aguantaron la presión y hubo un gran accidente.
Me impresionó que los jóvenes llevados por esa pasión se olvidan de los peligros que pueden ocasionar sus actos, pero a la vez me cautivó y me atrapó la conversación aun más después de escuchar lo que venía.
La primera vez que visitó esa tribuna no le gustó, porque no pudo ver el partido todos lo trataban mal porque no se sabía las canciones, porque no saltaba con la misma pasión que ellos. En la primera avalancha sintió mucho miedo ya que era un momento de mucha adrenalina. Al siguiente partido no iba a entrar a esa barra, pero algo dentro de él, la verdad no entendí que, lo hizo entrar nuevamente a ese lugar.
Empezó a involucrarse cada vez más con la barra de su “millitos del alma”, se aprendió las canciones a tal punto que las cantaba con todo el corazón, así empezó a despertarse en él una gran pasión por el equipo y por hacer respetar la barra.
Oscar me dijo: “Al poco tiempo de haber ingresado y haber asistido a las reuniones, había llegado la hora de presenciar y participar en la primera pelea de barras (fue en un clásico contra Santafé). La adrenalina que botaba en ese lugar cada vez era mayor y aunque al comienzo hubo miedo luego me tomé confianza y me gustaba cada vez más, en cada pelea se veían piedras, bombas molotov, petos, y todo tipo de armas corto punzante, algunas veces se convertía en un arsenal, se empezaron a ver pistolas, revólver, changones, etc.”
Con el pasar del tiempo y de estar involucrado mas a fondo con la barra y sus directivas, empezó a adquirir responsabilidades y tenía bajo su mando a 70 jóvenes y adolescentes de la localidad de Bosa, entre los que se encontraban 15 mujeres la cuales vestían y se comportaban de la misma forma que los hombres de el comando. La verdad, según Oscar, las mujeres se “masculinizaban” dejando por el piso la esencia de la mujer.
En ese preciso instante mi mente comenzó a divagar y a recordar distintas noticias en las que los protagonistas habían sido barras bravas. Algunas de las noticias fueron:
“El portero del equipo bogotano resultó con leves cortaduras en la cara y una mano, luego de que el bus de su equipo, fuera atacado a pedradas al parecer por integrantes de hinchas de Millonarios, tras la disputa del "derby" bogotano” Noticias RCN
“Las barras bravas tienen demarcado su territorio en los 328 barrios de la localidad de Kennedy en donde habitan cerca de un millón de ciudadanos. Un miembro de las barras bravas le contó a Caracol Radio cómo los hinchas furibundos que siguen a equipos como Millonarios, Santa Fe, Nacional y América, han dividido a la localidad en fortines que solo pueden ser habitados o visitados por los barristas de determinados equipos. La situación es tan delicada, que si un hincha de Millonarios ingresa a un barrio manejado por hinchas de Santafé, corre el riesgo de ser apedreado o apuñalado, simplemente por tener una camiseta del equipo contrario.” Noticias Caracol Radio
La verdad su testimonio me impresionó, me llegaba a imaginar el alcance de estas masas que cada vez más borran la identidad del ser humano y se hinchan sin tener un horizonte, ni un ¿por qué?[1]
Oscar me aseguró: “Teníamos que estar en todos los tropeles, procurar ir a todos los viajes y lugares donde jugara el equipo así no tuviéramos ni un peso en los bolsillos. En cada uno de estos viajes y peleas veía como jóvenes consumían en grandes cantidades sustancias alucinógenas, como quedaban heridos, descalabrados, apuñaleados, y detenidos algunas de las personas con las que yo andaba, la verdad a nadie le importaba que le pasara al otro, nuestra sed de pelear con los otros que no eran iguales a nosotros era aun mayor. En dos ocasiones estuve detenido Dios me guardo de que mi cuerpo sufriera alguna lesión y de consumir sustancias alucinógenas.Mi cuadra y mis vecinos decían que yo era un drogadicto, ladrón, delincuente, mariguanero sin imaginarse la verdadera esencia que tenía en mí ser, me juzgaban sin tener razón”.
Me imaginaba a mi primo en las peores situaciones, mi corazón palpitaba cada vez más rápido al pensar lo que él estaba viviendo, la verdad en ese preciso momento quería llamarlo con el deseo que escuchara la historia de vida de Oscar y reorientara su vida, pero ¿Cómo?, si ese día era el clásico entre Santafé y el “GLORIOSO MILLONARIOS”, sabía que no llegaría y sacaría cualquier excusa tan solo por ver a su MILLITOS DEL ALMA.
Mientras estaba inmersa en mis oscuros pensamientos Oscar aseveró que debido a que se alejó de las barras bravas comenzó a ver que el equipo ni mucho menos la barra le iban a dar de comer, ni se iban a preocupar por él si algo le pasaba, “decidí retirarme pues conocí a alguien que le dio un sentido a mi vida, que se preocupaba por mí y no me hace quedar avergonzado ni derrotado, siempre me hace salir de victoria en victoria y nunca pero nunca me desampara; en fin, es mi amigo fiel, y ahora hago parte de LA BARRA DE CRISTO”.
Estas pocas pero resonantes palabras me impactaron, llegando a tocar las fibras más profundas de mi ser.
[1] Zuleta, Estanislao. Sobre la guerra: “Porque si se quiere evitar al hombre el destino de la guerra hay que empezar por confesar, serena, y severamente la verdad: la guerra es fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida con el más entrañable de los vínculos, del individuo al fin disuelto en ella y liberado de la soledad, de su particularidad y de sus intereses; capaz de darlo todo, hasta la vida”.

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