lunes, 9 de junio de 2008

EL CALOR DE LA NOCHE

EL CALOR DE LA NOCHE

Jorge es un vigilante que trabaja en una calle de un sector residencial del sur occidente de la ciudad de Bogotá, a pesar de tener un trabajo tan sacrificante, peligroso y mal pago no deja de lado su sonrisa afable y medio infantil que siempre lo acompaña.

En ocasiones paso por algunas calles solitarias de zonas residenciales en las cuales solo se ve en la noche un vigilante por calle, quienes al ver una chica solitaria sea bonita o no. Jamás la dejan pasar sin algún comentario de “fina coquetería”.

Alguna vez, pasaba por una calle cercana a casa que desemboca en un puente angosto que está ubicado sobre el río fucha, que une los barrios ciudad montes II sector y III sector, calle bastante oscura y solitaria y un vigilante muy cordial me saludó con una gran sonrisa, yo no me di tiempo en poner atención al saludo pues como todas las noches después de salir de mi trabajo, pasaba sumida y entregada a mis pensamientos, que aunque no eran muy profundos me distraían tontamente hasta mi llegada a casa, pasé por su lado sin reparar en su amabilidad.

Noches después pasaba como era costumbre distraída y ensimismada en mis pensamientos, cuando una voz muy calida y alegre me saludo, levante la mirada y vi una sonrisa desinteresada y con ganas de decir muchas cosas, yo muy fríamente me limite a saludar y pasé nuevamente a su lado como si nada.


La noche siguiente pasaba como todas las noches, mas esta noche faltaba algo, no encontré la sonrisa de la noche anterior, mas no me detuve a pensar en eso.

La siguiente noche vi a lo lejos la fisonomía de un hombre no muy alto y no muy grueso, que dirigía su mirada hacia mi, pasé por su lado y note que era el hombre cuya sonrisa había echado de menos la noche anterior. Me saludo con un “buenas noches” con un tono medio serio y medio pícaro, así que yo no tuve mas opción que responderle y ponerle a mi saludo una leve sonrisa.

Esa noche atravesó el caño tras de mi sin pronunciar palabra y luego de haber cruzado el puente simplemente se despidió y espero hasta que yo me alejara lo suficiente y se devolvió a su caseta, esa noche pensé mucho en esto, pues yo no había sido lo muy amable como para hacerme acreedora a su compañía.

Cuando lo volví a ver sentí que debía hablar con él, llevar nuestra conversación un poco mas lejos del “buenas noches” así que esta noche le extendí mi mano y lo salude un poco menos fría que las otras noches. Esa noche me contó que el trabajaba un día de por medio, es decir, un día si y un día no, pero el trabaja 24 horas seguidas, descansa las siguientes 24 para luego volver a su trabajo. Cuando me despedí de el esa noche me quede pensando mucho, pues muchos nos quejamos por tener que trabajar 8 horas o menos y en otras condiciones mas adecuadas en lugares que nos protegen del sol, la lluvia y el frío, pensé en la caseta de tamaño mínimo, en la que apenas cabe su cuerpo y una pequeña butaca en la que suele sentarse de vez en cuando, cuando el cansancio y las rondas lo demanden.

Dentro de su caseta hay una pequeña repisa que rodea las latas de su caseta, donde pueden poner su radio, la ruana, libros y otras cosas que a simple vista no puedo ver.

Días más tarde como todas las noches después de mi trabajo me dirigía a casa a altas horas de la noche, atravesé el parque por el que acostumbro pasar y vi a lo lejos una figurilla, que miraba hacia ese lado, espero allí de pie hasta que me acercara y sonriendo me extendió su mano y me saludó. Era Jorge que estaba en la mitad de la calle esperando que yo pasara.

“señorita ¿por qué tan tarde?, sabe que es peligroso, ya se la recomendé a mi compañero, para que no la deje ir solita o por lo menos este pendiente de cuando pase”, me sorprendió lo que me dijo y tuve una sensación similar a la ternura hacia el.

Desde ese día cada vez que paso por esa calle se que tendré compañía por lo menos para los siguientes 300 metros y una corta conversación, pero que cada día a pesar de lo corta se siente mas acogedora y familiar.

En una semana no pase por varios días frente a su caseta pues la lluvia me impidió hacer mi habitual recorrido caminando, y al final de la semana pasé y a lo lejos no vi a “don Jorge” como le digo yo, me fui acercando preguntándome acerca del paradero de don Jorge, y desde la esquina me percate que había alguien dentro de la caseta y ese alguien también se dio cuenta de mi cercana presencia, don Jorge salió de su caseta paralizado del frío, como todas las noches me saludo y agregó: “que linda noche” yo solo me limite a responder que estaba bastante fría, después de mis palabras el solo abrió sus pequeños ojos lo mas que pudo “la noche no es fría la noche es caliente muy caliente, no me gusta decir que la noche es fría para que no me maltrate, la noche también siente y hay que consentirla”.

se acercaba el día de las madres y nos encontramos en las vísperas del día, me saludo y me dijo muy serio: ”mañana es el día de las madres y me toca correr para llegar a mi casa temprano”, pensé que tenia algo preparado con sus hijos o algo así, y antes de que yo pudiera pronunciar palabra continuó: “si no lo hago mi mamá se pone muy brava y me regaña”, me quede algo extrañada pero no quise preguntar por que no quería ser imprudente.

Otra noche cuando íbamos camino a mí casa don Jorge estaba triste y me sentí en la obligación de preguntar por su estado de ánimo y solo contesto torciendo su cara con una monería de tristeza pero cómica entonces no pregunte más. La noche que lo volví a ver solo me dijo que su mamá estaba molesta por que el día de la madre se había demorado media hora de más que al le parecía muy terrible que su madre se disgustara con el; entonces volvía con la pregunta de noches anteriores: “¿don Jorge, no tiene familia?” “si claro vivo con mi mamá y mis hermanas, unas sobrinas y un sobrino” no quise preguntar mas. Me dio vergüenza incomodarlo.

Desde esa noche me habla mucho de su familia especialmente de su mamá, “me gusta estar pendiente de todo, de que no lastimen a nadie y no roben mi zona ni la de mis compañeros, pues todos tenemos mamá y ellas sufren cuando nos pasa algo desagradable” comprendí esa noche la relación que debía tener con su mamá. Es sorprendente ver a una persona de su contextura y edad; un hombre de mas de 40 años viviendo aun con su mamá y mas familiares, que no le importa tener mas familia aparte de la que ya tiene, o como dice el la que le correspondió, diciendo que su madre lo regaña y acomplejado por esto y ver que en la calle que cuida es un ser grande y fuerte quien supuestamente no le tiene miedo a nada, solo a enfrentarse a si mismo en la soledad de la noche dentro de su pequeña y acogedora casetita, que “un día si y un día no” pasa a ser su hogar en medio de la calle solitaria y el frío de la noche, o como dice don jorge “el calor de la noche”.

Erika Vásquez

Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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